23 mayo 2010
Malos sueños
Anoche soñé que moría... otra vez. Sueño tanto ese sueño que a veces, como ahora, no sé si realmente he despertado o solo soy un muerto que sueña que sigue vivo. Es decir, cada que duermo es como si en realidad despertara y volviera a estar en ese mundo donde siempre es de noche y hace frío. Nunca es el mismo sueño, pero siempre al final sé que he regresado porque tengo miedo y mucha tristeza. En esos sueños a veces camino por calles oscuras, deambulo por cuartos de una casa grande y desconocida que por momentos se parece a la mía o se me aparece gente que no conozco pero sé que no está viva. No importa qué suceda pero siempre tengo frío, mucho frío. No todos los sueños son feos. Una vez vi a mi abuela, nos abrazamos fuerte y lloramos. Otras sí dan miedo. Una noche estaba durmiendo y desperté asustado porque unas hormigas caminaban sobre mi ojo izquierdo abierto que sobresalía en la tierra húmeda... tétrico, ¿verdad? No siempre fue así. Cuando era niño e inocente soñaba otras cosas. Casi siempre solía soñar con Jesús. Él entraba a mi cuarto y yo despertaba cuando estaba saliendo. "Shhh...", me decía y yo con miedo me tapaba con las sábanas. Una vez incluso, luego de orar muy afligido a Dios, soñé con lo que parece ser era el Reino de Dios: cientos, miles de personas vestidas con túnicas blancas presenciando la coronación de una persona en una ciudad de castillos con paredes de oro que flotaba en las nubes, a la que yo llegaba tras atravezar un pasaje oscuro y que desembocaba a esa escena espectacular. Esos sueños me gustaban más. Pero los soñaba cuando era inocente. Ahora, la historia es otra.
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