
Chimbote es, qué duda cabe, una ciudad de novela. Tanto por su paisaje paradisíaco –venidos a menos– como por los hechos que han acontecido en su territorio a lo largo de su historia. Desde el tránsito de Francisco Pizarro por esta tierra cuando llegó de España, pasando por la mudanza de los pescadores huanchaqueros a nuestras costas, las masivas migraciones por el auge del guano y de la harina de pescado, los estragos de la Guerra con Chile, el terremoto de 1970, hasta las luchas sindicales libradas en estas calles, hacen de Chimbote una libro con historias que ya quisiera haber imaginado el mejor de los escritores. Sin embargo, actualmente esta novela ha cambiado de género y ha pasado de ser una novela histórica a una novela del absurdo. A cada rato nos informamos en los medios de comunicación de cuentos tan estúpidos que le hacen a uno dudar de si estamos despiertos o soñando la más fea de las pesadillas. Ese es el caso de la última viveza del “Caballito Justiciero”, ese locutor que se hace llamar periodista, pero no es más que una sanguijuela que vive de la sangre –o sea el dinero– que le segregan las autoridades que gustan de esos parásitos para, según ellos, ‘levantar’ su imagen. Ahora, este sujeto le viene diciendo a la gente que podrá comprar, a 5 soles el metro cuadrado, un lote en el terreno que la Municipalidad de Nuevo Chimbote le vendió a la compañía Urbi –por cierto, una venta a todas luces amañada para favorecer a esa firma constructora–.Y les dice además que tendrán esa ganga siempre y cuando “luchen” por el terreno. Imagínense amigos, semejantes absurdos que debemos escuchar hoy en día. ¿Con qué autoridad ese señor ofrece cosas que no son suyas? ¿Qué no hay nadie que pueda detener a ese “Caballito pendenciero”? Ese sujeto, que apoya interesadamente la gestión del nefasto presidente regional, César Álvarez, está engañando a la personas. Les ofrece terrenos, les incita a la invasión y les cobra dinero –que obviamente no les va a devolver– con el único fin de usar a esos despistados pobladores en esa batalla de poder y de egos que sostienen Álvarez y Valentín Fernández. Ese “caballito”, cuyo nombre real es José Espinoza Linares, hace lo que le da la gana y ninguna autoridad lo pone en su sitio. Es realmente indignante lo que pasa actualmente en Chimbote y esperamos que esas autoridades despierten y frenen a un irresponsable de esa calaña. Por cierto, ese “caballito” pertenece a la Asociación Nacional de Periodistas (ANP) filial Chimbote desde hace muchas décadas, pero allí los periodistas ni le tocan y permiten su ‘manera’ de hacer periodismo. ¿Será que le tienen miedo o son como él? MÁS SOBRE EL CABALLITO.